Carlos Llamas In memoriam

octubre 4, 2007

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No sé si es una broma pesada o, por el contrario, hay que admitir que el irónico destino nos va doctorando a todos, haciéndonos peritos en pérdidas. En cualquier caso, hoy; entre la inmensa tristeza, la memoria hace su particular retrospectiva y se aferra a los recuerdos: tu voz peculiar en medio de la hora de las brujas atravesando la noche con esa libertad y pedagogía con la que hacías radio; tu ironía, tu grata compañía con la que poder informarse de la actualidad acaecida; tu somera reflexión y tu manera exquisita de hacer periodismo.

No va a ser fácil acostumbrarse a esta ausencia tuya, infinita e irreversible con la que me he –nos hemos- despertado esta mañana. No va a ser fácil que, en medio de este griterío de terroristas del lenguaje y mercenarios de la crispación, nos falte tu forma de hacer ante los micrófonos.

Descansa en paz, Carlos, donde quiera que te encuentres.
También en: Jaime Oliver, Iván López, César Calderón,


Rajoy: denfensor de España

septiembre 29, 2007

El señor Rajoy, recordado siempre por los “hilillos de plastilina” del desgraciadamente famoso Prestige, ahora se ofrece como defensor de España, volviendo a azuzar los mensajes de la crispación con la mirada puesta en la próxima cita electoral; la cual, por cierto, parece que se le presenta como última y sombría. Defensor de la patria también fue su predecesor, don Ansar, quien se encargó de mentir a todos los españoles en la guerra de Irak, dio categoría de celebración de Estado a la boda de su hija a cargo del bolsillo de los ciudadanos y ahora se dedica a lo privado, junto con otros miembros de su familia, cuyos negocios seguro que también están pensados para mejorar la calidad de vida de todos los españoles, dado el amor inmenso que nos ha demostrado siempre.

Celebro que salgan estos defensores para tranquilidad de todos. ¿Qué haríamos nosotros sin ellos?


Sudores ajenos

septiembre 26, 2007

Hace unos días recibí un mail de una gran amiga mía con la que, de vez en cuando, me cito para tomar un café y celebrar que aún estamos vivos. En el mail me adjuntaba una fotografía donde posaban ella y varias compañeras más de despacho. Lo curioso del caso es que todas lo hacían vestidas de negro riguroso, protestando por la actitud intransigente y déspota de su jefe, un ilustre Director Económico Financiero, antaño militante de un partido de izquierdas, del que se hilvanó en la cabeza algunas teorías ideológicas y, desde luego, pocas o nulas formas de llevarlas a la práctica.

En aquella fotografía, pues, vi reflejado claramente el lastre franquista, agropecuario y dictatorial que hoy todavía queda por algunos rincones; los modales y formas anacrónicas que parecen haberse tatuado en el subconsciente colectivo como marca de la casa; el comportamiento macho ibérico que aún destilan más de cuatro; la venenosa acritud que, aún siendo casi imperceptible, al dispararse contra otros les mina enteramente el ánimo.

La democracia también se cuida, nutre y enriquece en los más modestos rincones: oficinas, bares, despachos… No podemos seguir siendo extraños; vilmente deshumanizados, aunque alegremente competitivos. No podemos campar a nuestras anchas con el carnet eventual de nuestro rango, ni practicar la convivencia social como si las personas fueran meros objetos archivados en nichos sociales o castas. Hace falta más empatía, mucha menos vanidad y engreimiento del que se derrocha todos los días; mayor coraje cívico para no pertrecharse en el ánimo burgués que le viene al pairo lo que esté a dos palmos más allá del propio ombligo. Hace falta sentir al otro, en medio de esta maraña de neoliberalismo triunfante y silencioso donde una buena porción de tribus sin escrúpulos suelen amordazar a las mayorías silenciosas. Hace falta, como utopía razonable, seguir apostando por el significado más profundo de las palabras para que, como dardos inquietos, sepan cimbrear los pedestales egoístas donde se han subido algunos mezquinos que viven a costa de sudores ajenos.

Y ahí estamos. ¿Seremos, cada cual, capaces de afrontar este reto?…


En la vida y en la página

septiembre 19, 2007

Conocí a aquella mujer, como a otras tantas personas, por circunstancias imprevisibles del destino. Con el paso del tiempo y el acercamiento brindado por una convivencia social, muy en sus justos términos, me enteré de que era poeta. Ella era poeta y, a pesar del inmenso respeto que yo siempre había tenido a esa palabra, no pude por menos que rendirme a la evidencia, para lo cual, previamente, yo ya había leído muchos de sus poemas publicados.

Un día, impudoroso y aciago, aquella mujer me muestra repentinamente su lado más incívico y oscuro; su petulancia atroz derramada sobre mi paz sin importancia, su endogamia, su labrado cinismo.

Y, claro, ahí es cuando me surgió del fondón de mi mismo la siguiente pregunta: ¿ el poeta, al serlo, no lo es al mismo tiempo en la vida y en la página?…

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Los aduladores

septiembre 18, 2007

 

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¿Usted no conoce a alguno?. Agasajan, acompañan, merodean, medran. Llevan aupada al rostro una sonrisa escénica, blanda, como esos flácidos apretones de manos que parecen resbalar por el gesto inanimado de la desidia. Son la lealtad perruna siempre al acecho, marcando la triste frontera de su territorio, recelosos de que alguien pueda usurparles ese puesto cómodo a la sombra de los que siempre dan la cara. Mansos, cínicos, patéticos; permanentemente imbuidos de una vanidad indisoluble, con una mentalidad que sestea y se niega a dudar o discurrir.

Si le rodean mucho tiempo, ¡malo!, porque dentro de esa nube de ensueño es altamente probable quedar extasiado y perder la verdadera noción de la realidad; de la cercanía desnuda de la que ellos procuran que usted, o yo, no tengamos constancia y miremos de soslayo.


De regreso y a la carga

septiembre 5, 2007

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Transcurrido el breve descanso que a casi todos nos es concedido durante las fechas del estío, asistimos de nuevo a los azotes clericales contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, u otro frente abierto para darle leña al mono al Gobierno de Zapatero, avalados por el mismísimo Vaticano y su verdad eminentemente actual y democrática; aunque la sociedad en general parece estar a años luz de semejantes y anacrónicos postulados. Y digo, parece, porque con frecuencia somos un pueblo que viaja de la bravuconada a la docilidad, sin que entre medias exista un atisbo de reflexión o asentamiento de una cultura cívica madura, con lo que en semejante caladero, una subliminal exposición de redes se propone pescar a los más despistados

Nuestra Iglesia Católica, la gran beneficiada del franquismo, que se ha encontrado muy cómoda dentro del monopolio injusto de sus privilegios, hoy vuelve a arremeter contra el poder político que democráticamente se dan los ciudadanos, por lo que Europa debe de mirar con extraña sorpresa esta puntual e interesada salida de tono y desmán en nuestro suelo patrio. Si a ello sumamos una oposición irresponsable que ha propiciado este clima de guerracivilismo nacido en sus reuniones de maitines, o la ensoñación de que España se rompe en pedazos por culpa de un rojeriio libertino, más las innumerables manifestaciones de ardor guerrero y macho que algunos ínclitos han capitaneado con obscenidad en las aguas revueltas de la actualidad, tenemos el menú cansinamente crispado que se nos ha ofrecido como único y repetitivo plato en toda la legislatura.

Va siendo hora, por lo tanto, de que un gobierno sensato y con coraje, progresista y de izquierdas, le vaya poniendo el cascabel al gato y nos quite el lastre de esta dictadura divina que, husmeando y adentrándose por miles de recovecos, tanto nos regaña, manipula y atosiga.


Subir y bajar

septiembre 3, 2007

Subir y Bajar es un impresionante corto que la Fundación Mujeres ha elaborado en su lucha contra la violencia de género. Me entero de su existencia a través del blog de Elena Valenciano y, dada su importancia, no estaría demás difundirlo para terminar de una vez por todas con éste dramático sonido de lágrimas y golpes, profundo y desgarrador, promovido por un comportamiento descomunal y agropecuario que sigue teniendo en nuestra sociedad un silencio cómplice que no es, sino, la cobardía de no afrontar entre todos un profundo problema que nos interpela de lleno y nos compete.