Sudores ajenos

Hace unos días recibí un mail de una gran amiga mía con la que, de vez en cuando, me cito para tomar un café y celebrar que aún estamos vivos. En el mail me adjuntaba una fotografía donde posaban ella y varias compañeras más de despacho. Lo curioso del caso es que todas lo hacían vestidas de negro riguroso, protestando por la actitud intransigente y déspota de su jefe, un ilustre Director Económico Financiero, antaño militante de un partido de izquierdas, del que se hilvanó en la cabeza algunas teorías ideológicas y, desde luego, pocas o nulas formas de llevarlas a la práctica.

En aquella fotografía, pues, vi reflejado claramente el lastre franquista, agropecuario y dictatorial que hoy todavía queda por algunos rincones; los modales y formas anacrónicas que parecen haberse tatuado en el subconsciente colectivo como marca de la casa; el comportamiento macho ibérico que aún destilan más de cuatro; la venenosa acritud que, aún siendo casi imperceptible, al dispararse contra otros les mina enteramente el ánimo.

La democracia también se cuida, nutre y enriquece en los más modestos rincones: oficinas, bares, despachos… No podemos seguir siendo extraños; vilmente deshumanizados, aunque alegremente competitivos. No podemos campar a nuestras anchas con el carnet eventual de nuestro rango, ni practicar la convivencia social como si las personas fueran meros objetos archivados en nichos sociales o castas. Hace falta más empatía, mucha menos vanidad y engreimiento del que se derrocha todos los días; mayor coraje cívico para no pertrecharse en el ánimo burgués que le viene al pairo lo que esté a dos palmos más allá del propio ombligo. Hace falta sentir al otro, en medio de esta maraña de neoliberalismo triunfante y silencioso donde una buena porción de tribus sin escrúpulos suelen amordazar a las mayorías silenciosas. Hace falta, como utopía razonable, seguir apostando por el significado más profundo de las palabras para que, como dardos inquietos, sepan cimbrear los pedestales egoístas donde se han subido algunos mezquinos que viven a costa de sudores ajenos.

Y ahí estamos. ¿Seremos, cada cual, capaces de afrontar este reto?…

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3 respuestas a Sudores ajenos

  1. estrepito dice:

    Qué odiosa costrumbre tiene usted, de meterse en camisas de once varas.

  2. Rosa dice:

    Mi buen amigo Sr. Cruz, quisiera hacerle alguna suaves matizaciones. Es increible que habiendo superado en el pasado la lucha de la mujer para conseguir el voto, las pequeñas autonomias que conseguimos en este país a partir de 1973 de tener nuestro pasaporte y poder viajar sin marido o padre, y abrir nuestra cuenta bancaria personal, más conseguir la libertades internacionales de la mujer y no me refiero solo a la quema de sujetadores. Después de que durante dos siglos el obrero halla tenido que luchar hasta la muerte o el hambre de las huelgas y así poder conseguir sindicatos libres e independientes y llegar a estar secundados por un estatuto o un convenio colectivo, tengamos que seguir aguantando a desechos humanos con poder, avasallando a los trabajadores como si de la epoca de los feudos se tratara. Y con la premisa de “A Lenin rogando y con la hoz y el martillo dando”. Perdona amigo Diego, pero mal lo comparas con una dictadura franquista que en este caso, el susodicho Director Dictador odia, sino más bien con dictadura Stanilista, Castrista o Chavista, porque dictaduras hay, y habrá en los dos bandos, pero no sé porque extraña razón una de izquierdas se presupone más libre que una de derechas. Las dictaduras, son falta de libertad en ambos sentidos y apisona los derechos y libertades de los ciudadanos, justifiquense como quieran, una por la lucha del ciudadano y otra por el poder del caudillo de turno. Pero parece ser ya en este país, que desde que naces tienes que ser del PP o del PSOE, porque no hay alternatiava en este país, ya que solo tenemos dos grandes partidos, y si quieres ser naranja , eres un extraterreste. Yo revindico que se me trate como una trabajadora y se me respete como tal, tengo un trabajo digno y cualificado, ya que cumplo con mi deber y trabajo por dinero y no estoy contratada como los asesinos a sueldo que tienes que aguantar de todo. Soy mujer, madre y trabajadora hace más de 18 años, y que no se me debe tratar en inferiores condiciones que ningun compañero por que sea hombre, ni yo tengo porque tragar comentarios soeces, tener que sacar más trabajo y ser más versatil que compañeros que se les da categorias superiores con igual titulación o cualidades, por el mero hecho de su sexo. También reinvindico a nivel personal y ciudadano que no se utilicen las creencias politicas para intentar llevar la razón o tener que someternos a los dos grandes grupos politicos, ojala hubiera más alternativa de partidos, para que un sector de la sociedad, cada vez mayor, nos sintieramos representados y no hubiera ese 20% de absentismo que no es que no quiera votar es que no tiene a quién. Perdon me he ido de la idea, es que me caliento. Un saludo y muchas gracias por lo que ha escrito.

  3. Alfonso dice:

    No entrando en el tema del post, me ha gustado esa manera de protestar. De negro riguroso. Eso, en mi tierra, es de luto riguroso y encima para muchos, trae malfario. Pacífica y eficaz manera de protesta.

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