En la vida y en la página

Conocí a aquella mujer, como a otras tantas personas, por circunstancias imprevisibles del destino. Con el paso del tiempo y el acercamiento brindado por una convivencia social, muy en sus justos términos, me enteré de que era poeta. Ella era poeta y, a pesar del inmenso respeto que yo siempre había tenido a esa palabra, no pude por menos que rendirme a la evidencia, para lo cual, previamente, yo ya había leído muchos de sus poemas publicados.

Un día, impudoroso y aciago, aquella mujer me muestra repentinamente su lado más incívico y oscuro; su petulancia atroz derramada sobre mi paz sin importancia, su endogamia, su labrado cinismo.

Y, claro, ahí es cuando me surgió del fondón de mi mismo la siguiente pregunta: ¿ el poeta, al serlo, no lo es al mismo tiempo en la vida y en la página?…

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4 respuestas a En la vida y en la página

  1. Blasfuemia dice:

    Lo cierto es que, pocas veces, muy pocas, el autor está a la altura de sus poemas.

    Saludos

  2. Tito dice:

    los poemas son como los hijos del poeta, y si a uno le caen bien los hijos, eso no quiere decir que le caiga bien el padre, algo asi, saludos de una caricatura aspirante a poeta

  3. vitruvia dice:

    Qué duro es salir del poema para darse de frente con la realidad

  4. O la realidad es demasiado cínica para diferenciarse tanto del poema…

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