HOMENAJE

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Mi vecino Ángel, cuyo nombre ya lo dice todo, trabaja como encargado en una mediana empresa a cuyo cargo tiene doce números de casi anónima biografía a los que denomina, sin acritud, mis empleados. A su vez él depende del Director General, con verdadero mando en plaza, del que son bien conocidas sus férreas armas de la distancia y el silencio para los que cala con su mirada de sabueso. Y mi vecino; o sea Ángel, tiene el particular cometido de encajar los golpes duros de la dirección, multiplicarlos por dos en un momento de respiro y desahogo para, a su vez, trasladarlos con mayor virulencia al grueso de sus empleados, donde acaba estampándose la bronca, sin posible retroceso, con ese aíre subliminal que la violencia sumergida dota a algunos ambientes laborales.
Transcurrida la jornada, Ángel se va de vuelta a casa con el pecho hinchado de vanagloria por el deber cumplido, omitiendo en la memoria las injusticias que haya podido cometer y que, de rutinarias, ya forman parte de su repertorio; pero como es hombre respetable y de múltiples personalidades, dependiendo del lugar en el que se encuentre, entrará en su domicilio, saludará a su mujer e hijos, y departirá con ellos una agradable conversación que tal vez pueda versar sobre ética o valores cívicos que hay que conservar a toda costa.
Mi vecino forma parte de un grueso pelotón de demócratas que se mueven muy resueltamente entre las relaciones sociales: durísimo capataz a la vez que afable marido, todo en un plan muy reversible, sin casi atisbarse que llevan en su interior un fascista en toda regla.
Vamos que me he visto en la obligación de hacerle este modesto homenaje y, obviamente, cualquier parecido con la realidad, entiendo, sería una putada en toda regla.

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5 respuestas a HOMENAJE

  1. miguelnr dice:

    Los directores gerentes suelen ser bastante déspotas, parece que es un requisito curricular o algo así.

  2. Chiqui dice:

    Sí, Miguel, pero esos mandos intermedios son casi peores que los directores. Se creen dueños de la empresa y descargan los errores (que no los aciertos) de su gestión en los que tienen por abajo.

    “…donde acaba estampándose la bronca, sin posible retroceso, con ese aíre subliminal que la violencia sumergida dota a algunos ambientes laborales.”

  3. Diego Cruz dice:

    Muchas veces se cumple el dicho popular: “una cosa es predicar, y otra, dar trigo”. Entre los comportamientos públicos y privados, en infinidad de ocasiones, hay una diferencia abismal o una dicotomía entre el ser y el aparentar. Esto, por tanto, es un fraude radical para los valores que se defienden. Se defienden, sí, pero siempre que algunos, como es el caso del ejemplo que nos ocupa, vea que existe el propio beneficio. ¡Así cualquiera!…

  4. El arte de saber mandar se inicia con: el respeto hacia la persona que tienes enfrente. Luego se aplica paciencia y serenidad. Para acabar asumiendo en serio las responsabilidades laborales sin permitir la aparición de la gangrena laboral ya que ésta es una enfermedad mortal.

  5. jclavijo dice:

    No lo entiendo, Diego. Que se haga ese señor con uno e esos libritos tipo ‘Cómo ser un buen directivo y no morir en el intento’ o ‘relación entre iguales: management del siglo XXI’ o que haga un curso MBA sobre ‘cuadros intermedios: una sonrisa vale más que mil palabras’ o que se estudie el superventas ‘Díselo a la cara, pero díselo bien: castigar es motivar’.

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