Zotes envalentonados al rescoldo en sombra de famas añejas que los sustentan, niñas bien cuya máxima preocupación es que los zapatos le hagan juego con el bolso, artículos blandos y bien remunerados que no solivianten ni por asomo al sistema, mercaderes de flácidas ideas que se venden en la plaza municipal de la opinión publicada. Señores del aíre que vigilan el orden sacrosanto de sus enormes intereses, hipotéticos de izquierdas llevando un fascista interior que clava dentelladas en la piel indefensa de sus subordinados, solipsistas crónicos que viven hinchados dentro de su vanidad antigua, observadores silenciosos husmeando la próxima y sutil jugada para su propio beneficio, saboteadores de logros ajenos en busca de la medalla soñada del halago, actores a tiempo completo en la función interminable del teatro de la vida…
































































Abril 11, 2007 a las 6:52 pm |
Eso a mí me suena bastante, desde luego. Paciencia.
Abril 11, 2007 a las 6:54 pm |
Para el mundo eres un cualquiera, pero para cualquiera puedes ser un mundo. No sé donde leí la frase, pero creo que viene a cuento.