En este mes se cumplirán tres años de su ausencia; de su partida radical hacia otras residencias, mientras entre esa distancia se coló una pena infinita que cinceló de soledad nuestra propia biografía. Se marchó una tarde de abril, con esa lentitud sedada que iba poniendo en el aplazado llanto una provisionalidad de lágrima al acecho. Sin casi hacer ruido, al amparo de un cada vez más flojo suspiro, como dejándose ir, ausente ya de todo cuanto acontecía.
Y nos dejó, entonces, con una orfandad profunda que acaparaba por completo el resto de las cosas. Neutros, distantes; con una extensa flojedad en el ánimo, desamparados de infancia y abarrotados de recuerdos. Nos dejó entre el ruido febril de los asuntos, ulcerando deprisa la anécdota inasumible de su no estar, la broma pesada de un adiós sin retroceso, el fondón oscuro que se abría tras el cierre prematuro de sus ojos.
Mi padre fue, en definitiva, un extremeño enamorado de su tierra; un socialista sin carnet que discutía de política con el corazón puesto encima de la mesa, un hombre de bien con ojos marítimos y algo de mal genio, un admirador de Felipe González cuyos discursos le emocionaron siempre.
Desgraciadamente él no ha podido ver esta fotografía que hoy se exhibe con orgullo en el salón de su casa. El tiempo, muchas veces, tiene ese pulso sarcástico que zarandea de humor negro la estampa bruñida de cualquier calendario. Por eso, hoy, de mi corazón al aíre, quiero rendirle este modesto y merecido homenaje, allá donde quiera que se encuentre: que las palabras te lleguen como un himno subliminal de fuerte abrazo en primavera…
































































Abril 10, 2007 a las 8:53 am
Creo que esas palabras le han llegado. No puede ser de otra forma.
Abril 10, 2007 a las 9:06 am
Como dice Marco. Tus palabras merecen haber llegado donde quiera que tengan que llegar. Con sentimientos como esos no es necesario un destino. Flotan en el ambiente envolviéndolo todo.
Abril 12, 2007 a las 1:38 pm
No creerás que he llorado al leer tu corazón ….. pero sí. El sabía, seguro, antes de que lo escribieras, que aquí te quedabas tú, para hacer honor a su nombre y a su historia, Ningún padre puede pedir más. Enhorabuena y un beso al aire.
Abril 12, 2007 a las 1:58 pm
Muchas gracias por vuestros comentarios, son los que animan a seguir escribiendo.
Elena, un beso enorme.
Noviembre 5, 2007 a las 2:50 pm
[...] Poco se puede decir en estas radicales situaciones, aparte de expresar las sinceras condolencias en momentos duros e íntimos que la vida te deja como ironía del destino. Pero en cualquier caso, valgan estas humildes palabras como aliento cercano; como abrazo amigo y [...]